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martes, 6 de mayo de 2014

SI TU ME DICES VEN... ME LLEVO TODO

Cuando te casas, no te casas solo con tu contrincante... ¡Noooo! ¡Craso error!
Tú tienes intención de casarte con él y con su moto, pero en realidad, no.
La moto le va a durar dos telediarios... no seas ingenua.

Te casas con un tipo que dedica mitad de mañana del domingo a  rascarse los webs a dos manos,  te casas con las finales de copa de su equipo de toda la vida, con el perro baboso que tiene por mascota, con la manía de no cerrar la puerta ni bajar la tapa del báter, con su estúpida colección de bichos, sellos, coches o chapas y... lo peor: ¡te casas con su madre!. Vamos, que te llevas el kit completo.

Además te hipotecas a más de 40 años con la que será la presunta (siempre hay que darle el beneficio de la duda) con la presunta barriga cervecera, también llamada "pecho bajo" por algunos cuarentones que no acaban de encajar ciertas cosas, a saber: ¿porqué sienta mejor a unos que otros la tableta de chocolate en el abdomen? Te hipotecas, como te explicaba, sí.
Es como comprar  sobre plano, primero no ves nada... es un solar "liso y laso", pero luego aquello empieza a tomar forma, forma... foooorma siempre redonda, no hay duda.

Es como si ya pudieras tener en propiedad esa barriga que un buen día él ya no encogerá. Esa misma de la que se sentirá orgulloso: una esférica protuberancia con un apaisado ombligo en el centro,que paseará por la piscina, sobre el nada discreto bañador floreado, moviéndose arriba y abajo al ritmo de su caminar, de su risa... La simpática barriga de la que acabará presumiendo en público, apoyado en la barra del bar después del chapuzón, esa misma a la que le propinará unas sonoras palmaditas y, con una tremenda jarra de cerveza en la mano, afirmará: ¡Eh, oye...que lo mío me ha costado!

Y tú de repente te encontrarás sin saber donde meterte, o sí... puede que si tú no asimilas que la tabletita de tus sueños se haya convertido en un tremeeeeendo huevo kinder suprise,  al final te pases la tarde mirando hacia el socorrista de turno y... puede, solo puede... que no seas precavida con el sol y... puede, tal vez puede... que al bañarte, te de ... un "presunto" corte de digestión en plena piscina...

Y que conste, amig@s: "I love barriguitas cerveceras ¡¡¡FOR EVER!!!"

domingo, 13 de abril de 2014

Hoy quiero compartir con vosotr@s uno de mis primeros "ejercicios" del  Curso de Escritura Creativa, de hace unos años...

LA MECEDORA  QUE SIEMPRE QUISO SER COLUMPIO

Dos maletas grises. Dos maletas desafiantes me esperan en la puerta. El pasillo interminable. 
Y Malena corre hasta mi cintura y la rodea muy fuerte con sus pequeños brazos.
- Papá, no te vayas.-Me agacho despacio hasta que me encuentro sus grandes ojos muy abiertos, suplicantes.
Malena, papá se tiene que ir, ya sabes que mamá y papá...
Y Malena se tapa los oídos, y corre a cambiar de brazos, y hunde las coletas en el vientre de Ella. Aprietan los ojos. Las dos. 
No me miran cuando abro la puerta. No me miran cuando las miro, abrazadas, al final del pasillo interminable, donde jugábamos el domingo al escondite. Se sobresaltan.
Ya no las puedo mirar tras el portazo. 
No puedo ver como Malena se desprende del calor de los brazos de su madre y corre. Echa a Miau de la mecedora, de un manotazo. La gata protesta. La mecedora, también. Malena sube los pies. No quiere tocar el suelo. Se balancea rápido, agarrándose las rodillas entre sus brazos, chupándose el pulgar. Se columpia. Le gusta columpiarse. Me hizo prometer que en verano le pondría un tobogán y dos columpios en el jardín. Y Malena piensa que ya no, que igual ya no llega el verano. Y coge impulso, se balancea más rápido porque el crujido de la madera sofoca el llanto de Mamá.